20 de abril de 2017

el viento soplaba fuerte
y mi falda enloquecía
qué brisa qué mar qué moras tan grandes
quiero volver a dormirme en lo alto de la montaña 
protegida por esos pinos milenarios
y confundir el cielo con el mar 

y tener miedo de ese lugar salavaje 

y desconocido que aparece en mis sueños
y me arrastra siempre lejos
muy lejos
porque yo se lo pido con la voz más dulce que puedo:
donde nada haga daño, 
donde nada haga daño, 
por favor 
y él, contrariado, obedece
y las sirenas son tan hermosas 
como en los cuentos de mi infancia 
o más

mucho más

no quiero hacer cosas
no quiero hacer cosas nunca más
y sin embargo aquí me tenéis 
dirigiéndome a quién sabe quiénes
-cuántos más mejor porque entonces
quién sabe-
sí quiero hacer cosas
sí quiero hacer cosas constantemente
todavía temo mi muerte
porque todavía me tengo miedo
entonces, aquí, sola, 
con las persianas bajadas y la puerta cerrada
aúllo y rezo porque haya alguien escuchándome 
que también deseé como yo 
el cuerpo ajeno por asco al propio
¿qué vais a comer?
¿qué estáis haciendo ahora?
¿puedo ir con vosotros?
¿os importa?
¿queréis que os cuente lo que soñé anoche?, 
¿lo que cené anoche?, 
¿lo que pensé anoche?
no, no os asustéis
sólo quiero que abráis mis ventanas 
por mí
que hagáis la comida por mí
que me pongáis un vestido de flores por mí
que estéis aquí
tumbados
meciéndome a vuestro antojo
y me habléis lento
con voz cansada
y me supliquéis que deje esto
todo esto
-ponerme así en evidencia ¿para qué?-
que fuera
que fuera
no se necesita hacer cosas
ni hacer cosas ni aullar
para que se acuerden 
un poco, un poquito nada más
de que sigues viva

se me han sido mostradas la casi totalidad de las cosas. hay cosas que no he visto, claro: tribus salvajes, amores límpidos, ríos torrenciales en el desierto... pero se asemejan a otras que sí he visto y he apreciado: atardeceres lentos como una caricia, jóvenes deseosos en la parte de atrás, la eterna espera al otro en una estación a medianoche. a veces quiero vivirlo todo como la niña imprudente y rebelde que soy; que el mundo me sea mostrado de nuevo, ésta vez, por una mano amiga que no quiera convencerme de que lo hermoso está corrupto y que es solo a través del sufrimiento como se accede a lo valioso -no confundir con lo útil, acercarlo a lo ínfimo-, a lo esencial.

4 de abril de 2017


¿no os cansáis
de luchar por las mismas cosas
una y otra
y otra vez?
¿no preferís la renuncia,
la amnesia,
la vasta desolación?
¿por qué os empeñáis en ser alguien
en construir algo
en someteros a la angustiosa sarta
de pecados que comerter para alcanzar
lo deseado?

la muchacha triste lo sugirió:
lejos del deseo,
estás tú


3 de abril de 2017

Para poder ser quien aún no eres
debes seguir el sendero en que no estás.
Y sólo sabes lo que ignoras
y lo que no tienes es lo que tienes
y estás donde no estás.

(...)
En mi fin está mi principio.
T.S. Eliot.


de pronto nada alivia
todo el dolor del mundo se interpone entre 
nosotros
tú y yo
derrotados
jugando cansados como si 
fuésemos a llegar a alguna parte 
corrimos, corrimos mucho
sin apenas tiempo para vigilar el sendero
lleno de noche, de monstruos, de muertos amenazantes
corrimos, corrimos mucho 
y acabamos en un terreno repleto de ortigas
enormes ortigas balaceándose, suaves, sobre nuestros cuerpos
cosquillas de dolor, te dije
cosquillas de dolor, dijiste
y nos reímos 
nos reímos nerviosos
sabiendo que esa era todo
dos cuerpos enfermos
abrazándose
en mitad de un terreno nocivo 

3 de febrero de 2017

oda a la cama

Y en ese espantoso estado de ánimo me pasaba horas y días mirando a la pared, me atormentaba el espíritu y aprendía poco a poco a comprender lo horrible que es que incluso la tarea o el deber más nimio, como, por ejemplo, ordenar un cajón de cosas diversas, pueda ser superior a nuestras fuerzas. Era como si alguna enfermedad ya latente en mí se dispusiera a declararse, como si algo desmoralizador y obstinado se hubiera metido en mi interior y, poco a poco, lo paralizara todo. Sentía ya tras mi frente la infame apatía que precede al desmoronamiento de la personalidad, sospechaba que en realidad no tenía memoria ni capacidad intelectual, ni una verdadera existencia, que durante toda mi vida sólo me había ido extinguiendo y apartando del mundo y de mí mismo.
Sebald. Austerlitz.

oigo rugir el viento desde la cama 
no me levanto
no quiero levantarme nunca
¿para qué?
vivir las mismas cosas odiosas
una y otra y otra vez 
como en una pesadilla infinita
aquí en la cama
todo está bien
oigo la vida ahí fuera 
cruel, bruta, salvaje 
nociva en su terquedad
pero no me duele 
desde aquí todo parece lejano 
incluso hermoso 
no quiero levantarme nunca
no, no, no
¿para qué? 

¿qué he hecho hoy?
he dormido hasta tarde, muy tarde
me he frotado los ojos con las legañas
y he gritado el nombre de un desconocido 
quién sabe por qué
he mirado desde la diminuta ventana del cuarto 
a todos los tejados de este lado de la ciudad
y me he quedado parada con la vista fija 
en la chica del cuarto derecha que fregaba los platos 
con una canción terriblemente alegre 
no quería por nada del mundo que me pillase espiándola
pero deseaba, desde el más ardiente de los deseos, que me sonriera
aunque sólo fuera en un segundo inexistente
no he hecho nada más en todo el día
que pensar en lo que estaría haciendo
esa chica misteriosa que sonríe en el ascensor
como si no le temiese a nada
en la vida tan ajatreada y excitante que seguramente tendrá
y en lo mucho que, entonces, le aburrirán mis historias 

2 de febrero de 2017

no quiero escribir más
no tengo nada que decir

24 de enero de 2017

sólo quiero decepcionaros a todos
hasta que no os quede atisbo de esperanza en mí
y os alejéis de una maldita vez





había una mancha más azul en el cielo
acariciando a la luna suavemente
-de un azul extraño y hermosísimo
 el del mar en las noches de verano-
sofocando a la niebla que lo inundaba todo
había también una parada de autobús
solitaria y oscura
una de esos lugares que podrían protagonizar
un cuento aterrador de patricia highsmith
y un frío helador que se colaba por los huesos
abortando cualquier intento desesperado
de entrar en calor con tu propio cuerpo
había pasado más de veinte minutos allí sentada
dialogando conmigo misma sobre cómo podría
escabullirme del todo, del todo al otro lado,
hacia a algún otro lado
de pronto, me levanté de un salto y paré
con un torpe gesto de mano al autobús que apenas
se vislumbraba
éste frenó con un golpe seco
allí estábamos
dos desconocidos intentando reconocerse
sin mirarse apenas
como ciegos que repudian el tacto de los otros
me quedé quieta,
esperando algo sorprendente de aquel hombre
que conducía el autobús más triste de la historia
me merecía algo, una respuesta, una señal
una revelación divina que me hiciese olvidar
la mezquindad humana
"¿te vas a quedar ahí?", soltó de pronto
desde la ultratumbra de su voz tosca
y arrancó con toda la brusquedad
con la que se puede herir a alguien
empecé a correr camino a casa
pero desconocía el camino


«¡Yo no soy nadie! ¿Quién eres tú?/ ¿También tú no eres nadie?/ ¡Entonces ya somos dos!/ ¡No lo digas! Lo pregonarían, ya sabes. ¡Qué aburrido ser alguien!»

Emily Dickinson

y me quedo quieta 
esperando una señal de alguna parte
intentando arrojar de mí los deseos ajenos
hombres que no pretendieron hacerme daño
y que sin embargo maldigo 
por entorpecerme la huida
–una huida valiente y serena
hacia lo que se anhela 
esa búsqueda de lo que uno es
cuando todos callan–
mujeres, os admiro
cristina de pisán, santa teresa, las bronte, 
virginia, la moliner, laforet
tantas, tantas, os leo con el asombro 
de quién se siente pequeñita y torpe
ante vuestra grandeza
soy una mística asustada
rezando porque me guiéis con vuestra luz
hasta el fondo
hasta el fondo 

20 de enero de 2017

me quedo escuchando the softies tumbada en la cama toda la tarde
ya no soy joven pero puedo jugar a olvidarlo un rato
quedarme medio dormida con melodías tristes
y soñar largo rato con un lugar agradable y sereno
donde nunca pase nada más allá de lo que uno espera que pase
donde el tiempo se rinda a la evidencia de su incapacidad
para acumular memorias e identidades
donde nada sea más importante
que el silbido terco del abuelo
anunciando tormentas lejanas
o lluvias torrenciales




18 de enero de 2017

me he propuesto hacer algo con el día de hoy
he decidido que será comprar las manzanas más verdes del mercado
y luego, comérmelas sentada en la estación a la que iré a ver a la gente que se va
o que vuelve; gente que hace algo
podéis llamarme emprendedora
emprendedora de mierda
cambiarse de bragas
regar las plantas cada mañana
hervir la pasta y fregar luego los platos
llamar a papá, asentir a todo lo que diga mamá
echarme la culpa mientras me enjabono el cuerpo
todo son decisiones importantes
las decisiones importantes se ríen de mí
en mi cabeza todo da vueltas
los años pasan pero yo sigo aquí
olvidada e imberbe como en el principio de los tiempos
la ropa mal tendida me vigila
la cama deshecha me examina
el pegajoso suelo del cuarto se lamenta de mi existencia
me quedo quieta, sentada en la bañera
gritándoles en silencio que callen de una maldita vez
han pasado seis horas y la luz se ha transformado en ausencia
han pasado seis horas y mi piel se ha convertido en una sustancia rugosa
que chirría en el contacto con mi boca
segrego mucosidades en cantidades absurdas
lo hago sin querer
las lágrimas entorpecen mi visión del estado de las cosas
me levanto despacio, con cuidado de no resbalarme
sobre estas aguas levemente ensangrentadas
una vez fuera del cuarto donde emergen las mismas aguas
que silenciaron a woolf
me visto, levanto un pie, luego el otro y alzo las manos con desesperación
olvidando que ya casi estoy vestida
lista para afrontar un día más, otro día más
en el diario desesperado de una completa inútil


no me levanto
¿para qué?
hay tantas cosas que nunca sabré
tantos amores que nunca tendré
tanto platón, tanta hermenéutica,
tantas teorías complejas que tratan de explicar
esto que yo ya se
aquí, desde el filo de esta cama
en la que siempre estoy a punto de caerme
no llegaremos a tiempo de nada
no habrá nada que nos revele nada
solo la muerte estará esperándonos
siempre arrebatadamente bella
como si fuese lo único importante



16 de enero de 2017

estoy aquí
quiero tratar de estar aquí 
el mayor tiempo posible 
este es mi tiempo
esta es mi habitación
la del espejo soy yo 

puedo dormir veinte horas diarias
y despertarme gimoteando 
como una niña rabiosa que añora a su mamá

o puedo salir corriendo a agitar furiosamente
todas las escenas tediosas que están sucediendo
ahora mismo y en todo momento en esta ciudad

trato de no maldecir en exceso 
a todas las extrañas coincidencias
que hacen que eso de ahí arriba 
me acompañe por los siglos de los siglos
amén

5 de enero de 2017

hay un atardecer al otro lado
lo miro desde la ventana
vigilo sus transformaciones
cuento sus colores
intento memorizar su forma asbtracta
y trato de dibujarlo en el cuaderno de mamá
a ciegas
¿desde hace cuánto no soy una niña?
¿acaso alguna vez lo fui?
papá me llama y me dice que no hay dinero
yo le digo que tampoco hay trabajo
y colgamos rápido
coloreo con azul, rojo, violeta
con amarillo, con naranja, con verde
nunca crecerás, oigo que dice una voz inexistente
¡mentira!, replico
los que nunca fueron niños no tenemos edad