24 de noviembre de 2016

mandamiento #1 para mi estabilidad y la de mis terribles poemas

ahora que por fin lo autobiográfico me repudia
¿de qué escribiré?
sí, señores
de mí misma pero en otras voces
menos egoístas,
y espero, más inteligentes

la respiración es nuestro íntimo hilo musical, el que nos acompañará hasta la muerte

«El planeta habitado por extraterrestres se llama Tierra»
Ballard

duermes como el niño que fuiste y como el viejo que serás
no te lo pude avisar entonces
pero espero podértelo recordar algún día lejano: 
duermes igual que cuando tenías venticuatro años 
aunque estés un poco más cansado y seguramente menos triste


23 de noviembre de 2016

padezco de futuro
y me aterro,
noche a noche,
insomne
ante mi inminante fracaso
"Déjame que te dé un consejo: la clave para una gran vida está en inventarse primero a uno mismo y recién después a los demás. Ser director y actor protagónico y guionista de tu propia película. La mayoría de las personas lo hacen al revés. Piensan que primero tienen que comprender el mundo. Y se les va el tiempo en eso. Y se mueren sin haber sido nada más que visitantes a un museo cuando podrían haber optado por ser obras de arte" 

Rodrigo Fresán, Jardines de Kensington 

quise desmayarse allí mismo
llamar la atención a aquellas dos mujeres irresistiblemente hermosas
que hablaban desenfrenadamente sobre sus vidas, sus amores, sus libros 
en uno de esos coloquios donde el público ríe sin saber muy bien por qué 
y las conferenciantes sonríen todo el tiempo, 
aduladas y felices entre tanta exaltación
quise desmayarme allí mismo
que el público y las poetas dejasen de reírse ensimismados
unos con otros, todos con uno
y se girasen ante el estruendo de una silla tan desequilibrada
como su ególatra pareja 
–desmayada sin decencia en mitad de un poema ajeno–
que parasen la función, la farsa excesiva, 
de sus vidas, de sus versos
y gritasen asustados, todos asustados, al unísono
por esa muchacha insignificante que ninguno recordaba haber sido
abogados, médicos, bomberos, ambulancias
que se entregase la ciudad entera si hacía falta
a socorrer la palidez extrema de una piel de una vida
que mañana nadie recordaría haber asistido 

22 de noviembre de 2016

 “Joven ateniense
 Sé fiel a ti mismo y sé fiel al misterio
El resto es perjurio”

Emily Dickinson





de pronto
no éramos ni tan jóvenes ni tan guapos
ni siquiera éramos jóvenes ni guapos
y para colmo no nos queríamos
nos dimos cuenta una noche
en la que intentamos
–en un esfuerzo vano por recordarnos–
besarnos con la torpeza de los que ya no se aman
descompasados nuestros labios
bajo el ritmo infernal del desencuentro
nos miramos, de frente nos miramos
y nos dimos cuenta del engaño
podríamos seguir así
tres, cuatro, diez años
o toda la vida, quién sabe
pensé en tus padres
pensé en mis padres
y te pregunté muy bajito
si habíamos sido los únicos
si habíamos tenido la culpa

21 de noviembre de 2016

No crecerás. 
No crecerás. 
No crecerás. 
No crecerás. 
No crecerás. 
No crecerás. 
No crecerás. 
No crecerás. 
No crecerás. 
No crecerás. 

Muerte. Aquel que muere no es más que alguien que se encuentra un poco más adelante en una procesión de millones que se dirigen hacia el mismo sitio. Aquel a quien perdemos de vista por unos segundos porque nos retrasamos un poco al detenernos a atarnos los lazos de los zapatos y, cuando nos enderezamos, ya no está allí. 

Peter Llewelyn Davies

la historia es injusta y mucho más que eso es cruel
anoche vi a unos niños robándole a su madre el sombrero
esperando su reacción risiblemente enfurecida
y en un ataque sentimentaloide mal entendido
intenté recordar el último día en que mamá jugó conmigo
me descubrí gimoteando torpemente al darme cuenta de improviso
que en nuestra última foto yo ya no parecía una estudiante de primer grado
ni ella una madre todoterreno, incansable, vital
todo su pelo era ahora cano y su piel podía arrugarse tanto
que apenas quedaba un trozo firme, puro, virginal 
¿tanto tiempo pasó que yo ya no soy una niña y ella ya es una vieja?
¿dónde quedó ese tiempo?
¿quién nos lo robó, mamá, quién?
¿acaso tú lo sabes?

18 de noviembre de 2016


Un hombre pasa con un pan al hombro 

Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?



Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo

¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?




Otro ha entrado en mi pecho con un palo en la mano

¿Hablar luego de Sócrates al médico?




Un cojo pasa dando el brazo a un niño

¿Voy, después, a leer a André Bretón?




Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre

¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?




Otro busca en el fango huesos, cáscaras

¿Cómo escribir, después del infinito?




Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza

¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?




Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente

¿Hablar, después, de cuarta dimensión?




Un banquero falsea su balance

¿Con qué cara llorar en el teatro?




Un paria duerme con el pie a la espalda

¿Hablar, después, a nadie de Picasso?




Alguien va en un entierro sollozando

¿Cómo luego ingresar a la Academia?




Alguien limpia un fusil en su cocina

¿Con qué valor hablar del más allá?




Alguien pasa contando con sus dedos

¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?


César Vallejo



qué fácil hablar de buenos y de malos 


estos de aquí, los buenos; aquellos de allá, los malos
hitler, mussolini, el tontorrón de franco 
todo el mundo sabe donde agruparlos
y, sin embargo, nosotros, hijos muertos de un sistema atroz 
nos vanagloriamos,
desde la estrecha cama de un miserable psiquiátrico,
en admitir que ya aprendimos, que ya sabemos
dónde está el mal y cómo atajarlo

11 de noviembre de 2016


El vencedor es el que ha tenido una vida más útil y más bella 

Sócrates
puedo hacerlo mejor,
sin embargo
¿a quién le importa?
mucho ruido ahí fuera
-¿se oye algo?-
intento hacerlo bien pero todas mis decisiones
parecen sacadas de un machista anuncio de limpieza
no necesito validarme a través de los demás
no necesito su aprobación
su interés
su sexo erguido y caliente junto al mío
mucho ruido también aquí, dentro
-¿se siente algo?-
duermo catorce horas al día y
también allí
me descubro tropezando con errores pasados
soledades mal construidas
y una fijeza infantil
por los programas televisivos más infames
-divorcios, suicidios, drogas de diseño, antidepresivos,
jueces y más jueces de un mundo perverso,
incomprensible perverso-
me miento sobre la realidad
porque la realidad también es una mentira gigante
con la que apenas deseo trato ni afectividad
una distancia prudencial para con ella
sin embargo
el psicoanalista no se paga solo
y yo no encuentro un trabajo aceptable
con el que pagar la calefacción este mes
no me llaméis más, por favor, no griteis
¿no veis que estoy tratando de desaparecer un rato?


7 de noviembre de 2016

divagaciones mal encaminadas

"derrotar la estabilidad de cada uno en su yo"




he pensado en todas las personas a las que nunca supe querer. tantas. os quería de otro modo, ni siquiera os miraba, quizás nunca hablamos pero os quería de algún modo extraño y absurdo, del modo en que quieren lo perdedores. no hay resignación en esto, las cosas no nos eligen, a veces nosotros sí las elegimos pero en la mayoría de las veces suceden sin intervenciones externas. hoy andaba y la luna estaba ahí, medio escondida y la ciudad parecía entregarse a tu ausencia. los coches mojados, los paraguas, el silencio que opera trágico tras la lluvia. andaba de noche y pensaba en ti. en ti, que te quise -a menudo mal- y en el resto a los que no he sabido querer. qué necesidad de amor más ridícula. de amar. de que nos amen. de aprender de una vez por todas. de continuar. de hacerlo hacia lugares mejores. de que existan lugares mejores.

cuando hablo de mí nunca estoy segura de quién habla, 

de sobre quién hablo. 

¿soy sólo una instancia lingüística, 

una construcción cultural 

que me delata, 

me juzga

y me interroga 

como si en ese juego macabro 

me hubiera inventado?

desde mi nacimiento hasta los ocho años viví en tres casas diferentes; de la primera recuerdo su amplitud, tres pisos, buhardilla, sala de juegos, bodega para papá, insultos, discusiones, la enfermedad de la abuela, el día que me quedé encerrada en casa y deseé saltar por la ventana y huir bosque a través;

de la segunda recuerdo su pequeñez, apenas dos habitaciones mal iluminadas, grandes cucarachas
en verano, mamá y yo, sólo mamá y yo, recluidas en nuestra pequeña fortaleza de juguete, insana y maltrecha pero fortaleza al fin y al cabo;

en la tercera he vivido toda la vida, tamaño medio, más grande que la anterior y más pequeña que la primera, dos habitaciones y dos baños y una acogedora terraza en el salón con vistas a un patio vecinal en la que cenamos las noches de julio y que debe ser la envidia de nuestros vecinos del segundo que resoplan y murmullan y sacuden sus sucias colillas en nuestra ensalada;

ahora, por fin, he alquilado un pisito en el centro, lo comparto con seres queridos y parece el mayor de los refugios que he tenido, limpio, pequeño, lleno de plantas, aunque algunas noches, también ésta, desee saltar por la ventana y huir ciudad a través

6 de noviembre de 2016

un tiempo nuevo

Wants


Beyond all this, the wish to be alone:
However the sky grows dark with
invitation-cards
However we follow the printed directions of sex
However the family is photographed under the flagstaff 
Beyond all this, the wish to be alone.

Beneath it all, desire of oblivion runs:
Despite the artful tensions of the calendar,
The life insurance, the tabled fertility rites,
The costly aversion of the eyes from death 
Beneath it all, desire of oblivion runs.

Philip Larkin

qué importa la felicidad 
si el viaje es en vano
por qué tanto miedo
a que nada signifique nada
–no intento un nihilismo impostado
intuyo que es mucho más fácil que eso–
sin sexos, sin países, sin mundos contrariados
sin personas exhaustas en su mediocridad
cocinando diariamente para hijos y nietos
desagradecidos, enfadados
si nada significa nada
todo adquiere un matiz nuevo
la simpleza será un valor en alza
y nuestra estancia
en este lugar extraño
opaco y extraño
no será nada más 
que el tiempo efímero
del que nadie se querrá acordar

¿mamá, papá, estáis ahí
podéis oirme?
estoy llorando como el día
en que tardasteis más de tres horas
en hacer la compra en aquel supermerado de las afueras
y me dijisteis que esperara en el coche
que no me moviese
que vendríais en seguida
no tuve miedo
ni siquiera sentí el asco
de saberme parcialmente abandonada
pero si supe,
por primera vez supe
que todo sería así
lento y absurdo
–terriblemente agotador–
como al final ha sido