31 de julio de 2016

no te vayas lejos

no te vayas lejos, amor mío,
no me dejes otra vez,
descalza
torpe
inerme
en esta habitación que tirita tu ausencia
encerrada por propia voluntad
para evitar esfuerzos innecesarios
salir, mirar, sonreír
la gente habla alto en los mercados del centro
y se baña desnuda en lo alto del río y ríen
ríen llenos de júbilo mientras beben vinos baratos
que les anestesia del dolor ajeno-propio-ajeno-propio
todo el dolor del mundo
que es siempre el mismo dolor interminable
que penetra por las humedades del techo
e infecta las paredes de la estancia
no te vayas lejos, amor mío,
no esta tarde, no esta noche
no mañana, no el mañana de mañana
arráncame despacio, como solo tú sabes
los pensamientos lesivos que me infundo
con extremo mimo y precisión
como la gran maestra
en el arte de los sufrimientos vulgares que soy
arrancámelos todos, amor
no me dejes sola
con esta sarta de pensamientos inmundos
que vienen a mí
con una fiereza inaguantable
como si les esperase, desde siempre,
para el combate final

30 de julio de 2016

me aburre enormemente
no dejar de hablar de mí
como si, acaso, no me dejase más torpe e indefensa
esta manía absurda mía
de literaturizarme hasta la extenuación

la venganza más atroz es la de la memoria dejándonos torpes, indefensos, pequeños animalillos llenos de miedo

con ochentaytres años
empezaste a gritar que volviera tu mamá
que te habías perdido entre las habitaciones
de una casa -tu casa- que no conocías
algún día volveremos
las mismas calles, el mismo mar,
el cielo límpido de septiembre
tratando de esconder el final del verano

algún día volveremos
y tú dirás que aquí ya hemos estado
que ese muelle te recuerda al muelle de tu infancia
y ese olor es el mismo olor de los días
en que a tu padre te enseñaba, sin éxito, a pescar
-sujeta la caña con fuerza, campeón-

algún día volveremos
la muerte acechándote en silencio
descomponiendo cruelmente tu memoria
en diminutos fragmentos de vidas vividas y vidas inventadas
dejándote a solas con aquel niño debilucho y enclenque
que alguna vez, ya muy lejana, debiste ser

vengo aquí, en pijama,
a vertir los despojos de una vida maltrecha
anhelando, con una falta terrible de realismo,
que alguien sujete mis hilos y me indique el camino
hacer, hacer, hacer
no hay nada que más me irrite
que esta sociedad ingrata
que sólo espera que hagas

22 de julio de 2016

desde algún otro planeta
nos ven intentando, angustiados,
parecer siempre más lúcidos, más bellos, más perspicaces
y se preguntan, con indiferencia, para qué tanto esfuerzo
si la recompensa es siempre la misma
y, aunque a veces aparente deseable
tampoco ésta contiene nada

20 de julio de 2016

por aquel entonces tú eras bastante decidido
y te gustaba constatar cuán rápido lo habías alcanzado:
estable, desenvuelto, inteligente
te habías convertido en el típico joven convencido
de su dominio frente a las inseguridades adolescentes
de las que no hacía mucho habías salido airoso
y superabas sin apenas dificultad mis toscos intentos de arruinarlo todo
de llorar amargamente en el transporte público
uno en frente del otro
mi dramatismo frente a tu indolencia
tu confianza frente a mi catastrofismo
mediante la estrategia poco estudiada
de acariciarme la rodilla y mirarme fijamente con desdén
como si fuese la desconocida del after de una noche cualquiera
mínimamente atractiva y silenciosa como para poder seguir acompañándote
en la tarde eterna que prosigue a la dolorosa resaca matinal
un joven decidido con nulo interés en la estética del fracaso,
en las poéticas de lo triste, en lo irrisorio e insignificante del mundo
te levantabas temprano, fregabas los platos de la cena de anoche,
limpiabas cantando la encimera, el suelo, las migas escondidas del sofá
y aún te daba tiempo a despertarme despacio
tu aliento sujetando mi aliento
tus dedos intimidando a mi cuerpo dormido
en un baile tenebroso de cosquillas y figuras moviéndose
l e n t a s 
pintando victoriosas toda la pared con su absurdo anacronismo
el desayuno ya en la mesa, la cama hecha, las ventanas abiertas
el airecillo exiguo de las mañanas veraniegas en la capital
entrando torpemente al agujero inmundo de un primero interior
asfixiante (una casa ciertamente fea y mal amueblada)
tú duchado, afeitado, vestido, siempre a punto para que la vida
tirase sus dardos al vencedor, y yo en cambio, ensimismada en el dolor
de un techo mal pintado y con goteras
rezando para que la vida no me eligiese a mi nunca, a mi para nada
que no me viese, que no se enterase de mi existencia y me dejase
en paz, fracasada e insegura pero en paz
como un animal enjaulado que no añora la libertad de nada
porque sabe de su engaño
tú tan decidido y yo tan muerta
que era imposible calibrar por cuánto tiempo y con qué pretexto
el amor, siempre el amor

11 de julio de 2016

también había dejado de escribir
porque me daba miedo
me ansiaba hacerlo mal todo el tiempo
porque así era como lo hacía
mal, mal, mal, todo mal
mamá no entendía nada
recuerdo sus palabras como un mantra
que me acompañaría por los siglos de los siglos
esta niña, ay qué va a ser de esta niña
yo tampoco hubiera podido empatizar
con tantas lágrimas vertidas sobre nada y para nada
ahora percibo su dificultad y mi falta de tacto
para entrever la complejidad del asunto
parir una hija defectuosa,
su rostro envuelto en acuosidades desagradables
en un estado de decrepitud absoluta
como si el universo la hubiera ultrajado y humillado
como si nada deviniese suficiente
como si nada, nunca, bastase para nada
y había dejado de escribir
claro que había dejado de escribir
para qué escribir sobre lo mismo
lo mismo de lo mismo de lo mismo ad infinitum
tantas otras que ya lo escribieron me decía
tantas y tantas y tantas otras
con más talento y precisión
una escritura pulcra y bien cuidada
grandes lectoras con estudios literarios y filosóficos prominentes
mujeres de mundo, vívidas, intocables
cuatro idiomas, tres estancias en el extranjero,
curriculums extensos e intachables
tantas otras... que qué lastimoso era verme a mí
como un reflejo sucio y desgastado
en el testigo silencioso del espejo
escribiendo torpemente
sobre un dolor absurdo y una tristeza de chiquilla ignorante
cuántas risas e insultos de mal gusto debía provocar mis intentos nefastos
de escritura
mejor guardarlo, guardarlo todo en el último cajón,
o quemarlo, sí, mejor quemarlo todo
no intentarlo más, no acercarse al estúpido incendio provocado
por complejos de adolescente retraída,
no acercarse, no intentarlo, no recrease en la eterna fracasada
olvidarlo, dejarlo estar, llorar siempre escondida bajo las sábanas
o bajo la perfecta acústica y seguridad del baño de arriba
donde mamá no tenía acceso ni ganas de espiar