26 de mayo de 2016

ayer

tomaste drogas con tus amigos
en los karaokes del centro
y me llamaste puesto y borracho
mientras sonaba una canción hortera
que me impedía escucharte
te dije que ya hablaríamos mañana
pero tú insististe e insististe
hasta que escuché un golpe seco
y unas risas lejanas, muy lejanas
y yo, al otro lado, en esta cama
preguntando a nadie si había alguien ahí



No quiero dormir y sin embargo es todo cuánto puedo hacer. La tristeza es infinita en su perversidad y suplicante me implora que vuelva, que vuelva siempre al hogar asfixiante del que aún nunca salí. Todo lo intento torpemente como si me hubiera quedado atascada en algún punto y tuviese la certeza de lo irremediable de la condena. No la acepto y sin embargo, no hago nada para librarme de ella. La mediocridad, otra vez, riéndose de mi desequilibrio, se acerca desde atrás y me impide salir corriendo, "no tienes a donde ir, no tienes a donde ir" y yo, temerosa, agacho la cabeza, aceptando la crueldad de la verdad, que, sin embargo, -se mientras ignoro-  siempre es menos verdad de lo que nos decimos. En los trayectos de autobús muchas veces me quedo ensimismada mirando por la ventana a los otros. Coches veloces, viandantes veloces, aviones, bicicletas, edificios, árboles que veo tan solo medio segundo porque ya los hemos dejado atrás. Me asombro de esa velocidad asfixiante del que tiene a donde ir y va y no se pregunta qué pasaría si nos quedásemos quince minutos parados, qué se yo, en cada parada de autobús dibujando a los que suben como señal de bienvenida. Otras veces, en los albores de la madrugada me someto a la torpeza de imaginarme fuera de mí, desvinculada de este flácido cuerpo y de este rechazo continuo que se asemeja a mi pensamiento; me siento enfrente de mí y me hablo desde el lado vencedor, el que ha sabido redimirse y perdonar sus culpas y no seguir injusta y absurdamente vociferando sus faltas y lo terrible, que nunca es tan terrible, de su existencia. ¿Qué mecanismo de aniquilamiento alimento desde la infancia para convencerme de que esta desdicha -que, bien mirado, no deja de ser cómica- acompañará al relato que me escribo sobre los días que vivo?

20 de mayo de 2016

entonces dijiste que lo haríamos
encontraríamos un lugar lejos
en el que dormir tranquilos
y cultivar la huerta por las mañanas
más aún, dijiste,
aprenderemos a vendimiar en septiembre
y a recolectar fresas durante la primavera
la casita será pequeña pero hermosa
y habrá un riachuelo abrazándonos
las noches de invierno en que el viento
se esfuerce en rugir y en despertarnos
yo me sentí segura y por un tiempo
no necesité preguntarte nada más sobre el futuro
podía vernos allí, donde fuese,
ese lugar recóndito que también esperaba nuestra llegada
nos veía en la cocina, horneando galletas,
o en el jardín tendiendo las sábanas blancas
que olerían a lavanda y a romero unos días
y a menta y tomillo los restantes
tú escribirías canciones
y yo las cantaría emulando ser una diva
en las tardes de tedio incesante
papá no llamaría nunca
y tu madre se acercaría una vez al mes
con los postres más dulces de la tierra
a veces, echaríamos de menos las calles y el tumulto
pero entonces nos serviríamos el alcohol más fuerte
en las tazas de la sopa y bailaríamos por toda la casa
sujetándonos por las escaleras
como dos hemingways revestidos de absenta y de vodka
todavía no entiendo cómo pude precisar
los detalles de algo tan irreal
pero
lo soñé y lo soñé y lo soñé
tanto que me lo creí y al despertar
no supe explicarme por qué no estábamos allí
ignorando al mundo y sus defectos
lejos, solos, olvidados
tratando de conseguir de la vida
algo que ahora se rebela harto inexistente

apropiarme trozos de la vida de los demás me distancia de los propios

lo más estimulante que hago durante el día
es recrearme en la voyeur silenciosa que soy
frente a la intimidad de los otros
siempre dulce y lenitiva
como el analgésico diario
que procuro dejar de tomar

día dos: no hay signos de interrogación porque la pregunta deviene en respuesta

un día me prometí a mi misma escribir algo para ti que valiese la pena leer. algo que significase algo que significase algo que significase algo con lo que tú pudieras sentirte orgulloso de mí. no lo conseguí nunca y mira que escribí pero lo acaba borrando asqueada de toda la mediocridad que era capaz de aglutinar sin esfuerzo. toda esa porquería era infumable, realmente infumable, ¿de veras pensaba pasarme los días escribiendo mierdas sin saltar nunca al otro lado, sin proponerme de veras algo más, dejar de escribir y ponerme seriamente a averiguar qué cojones estaba haciendo con toda aquella miseria que era mi vida? escribir, escribir, escribir tiene el mismo sentido que cagar, cagar, cagar salvo que una de ellas puedes dejar de hacerla y no le pasará nada a tu organismo. ¿si lo que escribía era mierda por qué me costaba tanto dejarlo?, ¿por qué no intentaba pasar el rato ordenando el armario o fregando los platos de la cena que acumulaba día tras día hasta formar pilas de tamaños kilométricos que acaban rodando por el suelo? sentirse solo, desesperado, desesperanzado, asqueado y todos los adjetivos que describan cómo es sentirse un día en el mundo sin nada que desear hacer de veras no debía ser excusa o razón para hacerle tanto daño a la literatura, a la que sí servía para algo, a la creada por seres que producían cosas maravillosas con los que tú te hubieras sentido orgulloso de tomar un café, de follar, de querer. quería esto decir que yo estaba tratando de emularles, a ellos, a los ganadores, a los que habían hecho algo que dignificaba el tiempo malgastado encerrado en una habitación sin emocionarse bailando a fuera al son de trompetas imaginarias en una cálida tarde primaveral, para sentir que entonces sí, alguien podía sentirse satisfecho de haberme encontrado; quería esto decir, entonces, que yo no era más que un instrumento, un instrumento bastante inútil de hecho, para poderos convencer, a vosotros, a ti de que merecía la pena vuestra amable atención, de que merecía la pena el café, el polvo, vuestra vida, tu vida, porque podría ser capaz de escribir algo con lo que realmente te sintieses orgulloso de mí, quería esto decir, en fin que...
y está el tiempo y está el dinero y está el equilibrio y estoy yo
pero yo muy al fondo
muy muy al fondo
tan al fondo
que podemos asegurar
que no existo en esa conjunción
y tú me quieres
y quién sabe si no habrá nunca nadie
que me quiera como tú
pero no puedes hacer
que ahora mismo mi cara no esté pegajosa
porque he derramado un asqueroso llanto
sobre mi piel mal maquillada
y todo se ha quedado ahí
en una amalgama insana
de sustancias de mierda
maquillaje y lágrimas
qué ejemplo de mierda soy
para la liberación femenina
en la que se recrean tus amigas

18 de mayo de 2016

se acabará esta historia y se acabará el mundo
y entre tanto seguiremos obcecados en intentarlo
una y mil veces
en otros cuerpos, en otras cicatrices
argumentos semejantes y clímax antes de tiempo
el final acecha hay que darse prisa -dirás-
en olvidar que lo patológico del deseo es desear lo...
ignorémoslo -diré- ahora que todavía sabemos cómo

papá y mamá querían algo mejor
y gritaban después de cenar
alzando de tal modo su voz
que acallaban el vocerío insoportable de personajes televisivos
que bien podrían haberles llamado para una actuación
yo lloraba entre las sábanas
envenenada de odio y autocompasión
sin agallas para salir al salón
a decirles que no, que no y que no
y romper de una vez por todas la puta televisión
y su asquerosa animadversión a todo lo jodidamente débil como yo

aún hoy, todavía, siempre
como si a pesar de los años
siguiese ignorando el deseo
que me mantiene cansada
en una búsqueda redundante
de algo que de existir
no puede ser más que esta nada acuciante

día uno

debo ser sincera, queridos lectores inexistentes y señalar lo estúpido que resulta haberme levantado temprano para, posteriormente, dormirme alrededor de cuatro horas y levantarme ahora, al mediodía, con la casa revuelta, el pelo sucio, el aliento asqueroso. ¿cómo lo hacen ustedes, lectores imaginarios, lectores míos inventados neciamente por mí para convocaros a mi alrededor en torno al orgullo y la egolatría que aún hoy me caracterizan?, ¿cómo lo hacen?, ¿no tienen sueño?, ¿no tienen ganas de dejarse, de abandonarse, de someterse a la inconsciencia de los días, a la falta de escrúpulos y de empatía que por todas partes y en todos los lugares nos rodea?, ¿no se ven obligados a utilizar la apatía como un arma inofensiva con la que hacer frente a la tiranía asfixiante de existir sin haberles dejado determinar las condiciones para ello?, ¿cómo lo hacen?, ¿cómo lo hacen?, ¿cómo lo hacen? háganmelo saber lo más rápido posible, ya sea en forma de carta mal escrita debido a la preocupación por mi cada vez más grave estado mental o de embestida violenta a plena calle con la posterior bofetada merecida a alguno de ustedes, pero siempre débil y poco resolutoria debido a la escasez de fuerzas con las que he tenido a bien iniciarme en el tortuoso camino de permanecer en este mundo... espero de corazón sus cartas y sus embestidas con el fin de deshacerme, aunque de forma lenta, de este dolor miserable que me postra en la cama y no me permite más que pensar en él cual amante obsesivo que coarta mi libertad, a fin de cuentas, mi última y más preciada escapatoria, así pues les espero, imaginarios seres amados, no tengan miedo en acercarse a mí y reírse de mi melodrámatica desgracia existencial, tan pueril y patética como la de todos nosotros

día uno

me he levantado temprano porque en esta casa es insoportable estar: una madre histriónica, un gato tirano, unas vistas al infierno. ahora estoy despierta intentando pensar cualquier cosa que no sean las ganas terribles de irme de aquí porque entonces derivaríamos en la carencia de lugares a los que ir y eso me sumiría en un círculo devastador de ganas de lanzarme al vacío sin protector que iniciaría una serie de desgracias dantescas y de encuentros abominables de familiares asquerosamente falsos rodeando mi cuerpo sin vida en alguna funeraria hortera del extrarradio. así que aquí estoy levantada y furiosa tratando de adivinar cuál será el devenir de mi día e intentando (débilmente) engañar a mi trágico destino no recalcándome inútilmente lo desesperanzadora que ha devenido mi existencia desde el principio de los tiempos. envíenme suerte, queridos lectores imaginarios y altamente probable inexistentes lectores, envíenme suerte para poder trazar un plan y seguir, para tener el ánimo calmo y la mirada inocente con la que descubrir las turbias situaciones que componen este valle de lágrimas sin ansiar alistarme en el grupo terrorista suicida más cercano a mi localidad.

12 de mayo de 2016

internet, you don´t disappoint

ocho horas frenéticas buscándome por todos los rincones de internet
leyendo, cantando, grabándome para ti poniéndome el pijama
al final he acabado masturbándome con una pareja amateour de brooklyn
ella tenía cientos de lunares en la teta izquiera y él parecía el típico imbecil
más preocupado porque su polla saliera bien en cámara
que por la chica preciosa a la que, de vez en cuando, intentaba besar sin ninguna gana
a los dos minutos ya estaba bastante aburrida
y me he puesto a bailar el nuevo disco de eskimeaux
escucha i admit i´m scared, te he escrito pero tú ya no estabas conectado
así que te he hecho un vídeo cantándotela para que cuando despiertes
te rías un rato de mí o me envíes otro vídeo haciendo lo mismo
qué divertido es todo esto, pienso,
no dejarme pensar lo sola que estoy en esta habitación
en esta ciudad en este universo de mierda
ocho horas y joder, podría no dejarlo nunca

10 de mayo de 2016

nunca gané ningún premio
que me mereciese tanto como tus insultos
siempre a deshora pero siempre tan meritorios
por insolente, huraña, retraída
estúpida niña malcriada sueltas con desgana
de madrugada copiosamente borracho de alcoholes malos
y de actitudes repulsivas que utilizo
para batallar contra mi historia frente a ti
y siempre contra ti frente a mi historia
como si ambos pertenecieseis a la misma identidad semántica
de significado infecto
tú eres inocente de mis pensamientos
y sin embargo, a veces, te desprecio como si tú, pobre niño cándido
los entretejieras para mi en la noche fría de mis sueños perversos
perdóname ahora que no nos oye nadie
ni siquiera ellos


a mi edad mi abuela amamantaba
mi madre limpiaba los cristales de su hogar
mi tía entretejía vestidos en la otra parte de este hemisferio
a mi edad yo no he hecho más que heredar sus cuidados
vestirme con sus historias y reescribirlas orgullosa
como si acaso, en alguna parte de ellas, estuviera la mía

5 de mayo de 2016


*
apenas llueve
y un amasijo de paraguas
se funden en el insoportable asfalto
no se dan cuenta de que sólo es un poco de lluvia
un poco de lluvia que ni siquiera cae como debería
cuatro gotas tontas e inestables
que también prefieren largarse de aquí

*
los pájaros siempre huyen
del lugar al que pertenecen
antes que volar
aprehenden su libertad






me mantengo callada con los amigos de mis amigos
incluso con mis amigos
no hablo por temor a parecer
por temor a ser
por temor a no ser suficientemente algo que nunca decido el qué
me mantengo alejada y sonrío
a veces discrepo y entonces frunzo el ceño como queriendo decir
aquí estoy os escucho incluso pienso y podría manifestarlo
aunque no tenga voz ni cuerpo ni rostro para ninguno de vosotros
ni siquiera para mí

temía la noche
como se teme lo que se ama de veras
los pájaros hambrientos sobrevolaban otros cielos
cielos menos sombríos y egoístas que éste
en donde todavía se podía estallar de júbilo
ante lo desconocido
¿qué será de mí?,
me repetía arrepentida como en una plegaria mal aprendida
¿qué será de mí?,
decía y me sujetaba los hombros con las manos toscas
para sostenerme todavía un rato más
Ellos lo hacían muy bien. Todos ellos. Se despertaban temprano, se daban una ducha fría mientras canturreaban cualquier melodía terrible y se disponían a empezar un nuevo día, siempre un nuevo día, alejados de todo sentimentalismo y autocompasión. No se qué les ocurriría, allí afuera, en todo ese universo trepidante que se escondía tras el portazo y la tosca despedida con la que me anunciaban su huida. Ellos huían de mí y yo huía de ellos, de ellos y del mundo, y me quedaba atrapada días enteros entre las sábanas imaginando que un meteorito gigante se desvanecía sobre mi ventana y lo arruinaba todo de una vez por todas. En aquellos días llegué a ver más de diez películas diarias, anhelando como estaba que mi vida dejase de pertenecerme y comenzase, por fin, a desintegrarse por completo en pos de una existencia menos abrumadora y aflictiva para una pusilánime niña de papá. ¿Cómo hacían ellos, todos ellos, para lanzarse a lo desconocido sin lanzarse también a la espiral de terror que crecía, terca, dentro de mí y me dejaba postrada en la cama inmóvil, sucia, con ese hedor acérrimo que surge de lo corrompido?, ¿cómo hacían?, me preguntaba, y me sumergía por el laberíntico universo de la desesperanza a donde nadie más que yo podía llegar y del que nadie más que yo podía hacerme escapar.

4 de mayo de 2016

me quedé mirándote absorta pensando en todas esas veces que nos habíamos imaginado lejos de allí, ciudades desconocidas, amigos que entonces no tenían rostro, viajes a sitios cálidos, todo eso que se sueña cuando aún crees que el tiempo estará de tu parte. el sol ansiaba su huida como también yo necesitaba desaparecer cientos de miles de galaxias del único lugar que me había pertenecido toda mi vida y por el que nunca sentí aprecio. qué curioso, pienso ahora, cómo la memoria acumula los retazos más absurdos de nuestro delirio, para hacerlos suyos, sólo suyos, con la única e inexorable razón de despojarte de tu autoridad y dejarte sin nada a lo que aferrarte de veras. me acariciaste el brazo, me lo acariciaste con tus manos frías y luego me dijiste que nos levantásemos que nos íbamos a quedar helados si seguíamos sentados en el banco un minuto más. ponte mi chaqueta, acertaste a decir y yo te negué tres veces como se niega lo que se teme de veras. anochecía y yo no entendía cómo había pasado todo, la tarde, nosotros, todos estos años. ¿me había quedado dormida todo ese tiempo? empecé a aceptar que eso fuese posible, era la única manera lógica de entender cómo había llegado hasta allí, con qué torpeza y desesperación como si nunca hubiera entendido nada, nunca nada