19 de diciembre de 2016

de cuando vimos animales salvajes de tom ford

seguía teniendo miedo
pero tenía las manos menos frías
gracias al calor de la tuya posada sobre la mía
en la cuarta fila de un cine pequeño de barrio


los dos pensamos que la protagonista era yo
o que había una posibilidad terriblemente alta de que fuese yo
una niña pija malcriada que, por alguna razón desconocida,
siente una profunda insatisfacción vital
constante y aniquiladora
un miedo irracional al fracaso que, sin embargo,
te conduce irremediablemente a él


salimos del cine en silencio,
vigilando nuestras pisadas
seguramente no había escapatoria
acabábamos de ver nuestro final en pantalla grande

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