8 de junio de 2016

el cambio que vendrá

intento quedarme quieta,
tranquila,
mirando abstraída las manchas de humedad del techo
sin pensar en todo eso que me recuerda
que llego tarde, que no se, que no puedo, que no lo haré
intento respirar acompasada
inspirar-expirar
y visualizar esos movimientos de aire que vienen y van
que van y vienen como todo lo que aún permanece con vida
es difícil no rendirte a los días apáticos tirada en la cama
como un animal doméstico asfixiado en pleno agosto
no sumergirte en el amargo placer de tachar todos los planes
que dijiste que harías y que nunca hiciste
no acabar desnuda, indefensa, indolente
relatándote otra maldita vez, como si acaso te importase,
la sarta de trastornos psicoafectivos que, alguna vez,
ya muy lejana, te autoindujiste por diversión
percibes la dificultad de permanecer inmóvil
¿qué harán ellos?, te preguntas
ellos, que siempre tienen la respuesta,
que saben lo que hay hacer y cómo hay que hacerlo
y lo hacen y siempre lo hacen porque conocen lo correcto
porque no son como tú y nunca se detienen
(recuerda que el miedo es una enfermedad infecciosa
que, como la tuberculosis sólo afecta a los más débiles)
qué fácil es comenzar de nuevo con los pensamientos
terribles que llevaron a tantos al desequilibrio, la locura,
el estallido final
qué fácil y sin embargo, qué fácil, también, distanciarse
volver a la quietud en la que te quedaste
inspirar-expirar
una y otra vez
inspirar-expirar
cerrar los ojos e imaginar que las pequeñas dosis de aire
que entran involuntariamente en ti
lo hacen para rellenarte de todo eso que nunca has tenido
se van y vuelven, se van y vuelven
recordándote que es esto la única verdad de estar viva
ir y volver, volver e irse
una y otra vez sin descanso
no temiendo nunca lo único que puede protegernos:
el cambio que vendrá
inspirar-expirar