21 de julio de 2015

cómo sostener
esta angustia incipiente
que me crece lenta
en mi vientre
como un embrión malogrado

17 de julio de 2015

como las nubes sin forma

no me acuerdo de la última vez que lloré por algo que no me hiciese sentir una niñita estúpida, pequeña y estúpida como sólo se pueden sentir las mujeres indefensas frente a lo perdido. no sé quien tiene la culpa de todo esto pero el hombre mayor de la terapia siempre decía que la culpa no está en el papá férreo y vanidoso que te alimentó de miedo, no está en la cocina pobre de una casa con humedad, ni en los niños burlones de tu última clase en el colegio. no está en ti, decía el hombre que hablaba incansablemente. no está en mí, decía yo, ni se esconde dentro de mi cuerpo como una piedra torpe que nunca consigo eliminar de mi organismo.

la culpa no existe decía, es un fantasma, una ilusión inventada, un dolor de cabeza horrible que fabricamos para no sentirnos demasiado solos frente a nosotros mismos.

la culpa no existe le repetí yo y tú también lo dijiste anoche, no con estas palabras, pero algo así dijiste para hacerme abrir los ojos, entrearbirlos un poco y, que me conviertiera, despacio, en una mujer adulta con una lista cerrada de cosas por las que llorar. me alegré un poco de saber que he reconvertido al hombre barrigudo de la terapia en un chico tierno, suave y tierno, que me habla bajito para no asustarme antes de tiempo. háblame bajito siempre, chico tierno, te digo ahora, en el sueño inequívoco de las cosas que callan. háblame bajito y despiértame sin ganas, con pereza, remoloneando para que el tiempo se reconstruya y se forme y nazca y se reproduzca en tu cama, en nuestra cama de los domingos. sólo se puede llorar de muerte y de tristeza, dijiste, y de risa, te digo, y de risa tonta,

serena,
tonta
y
apaisada

como las nubes sin forma
que vimos desde la ventana

15 de julio de 2015

para ti, 
para ti que nunca lo leerás 


me quieres para ti
atrapada y tierna
sólo para ti
desnuda, infeliz, inmortal
has aprendido a juzgarme sin mirarme
como sólo hacen los dioses
a vestirme sin tocarme
como sólo hacen los curas
sabes tanto de mí
que aunque me aleje
la huida será tuya
siempre tuya