14 de abril de 2014

hoy llueve y todos nos acordamos de esa melodía hermosa que destruyó al chico suicida, del bebé llorando suplicando una nana de madrugada, de la noche cobarde que le disparó en la nuca. hoy llueve y yo me levanto de la cama indecisa y miro por la ventana el patio interior descolorido y fúnebre, las gotas torpes que caen por mi ventana sin saber muy bien a dónde. hoy llueve y joder, no sabes lo sola que me siento en esta habitación sin fotos de chicos tocando guitarras malas en la pared, sin cartas de la otra parte del mundo que pegar en el techo, sin rastro de los cuadernos sucios donde coleccionábamos la vida. hoy llueve y yo debería empezar a hacer algo, destruir esta inutilidad, bailar en la terraza o en el sótano o en esa pastelería donde venden cruasanes envenenados. debería empezar a hacer algo, pero no tengo ni puta idea del qué y escribo esto como la carta suicida de una chica que nunca se tropezará torpemente y caerá desde un quinto piso, ni tampoco resbalará y acabará besando los raíles de cualquier estación de la línea nueve. y hoy llueve, y llueve tanto que debería seguir en la cama, durmiendo tranquila, corriendo calle abajo hasta encontrarte, porque sí, te he soñado y se me veía hermosa corriendo ilusionada, buscándote por toda la ciudad y toda la vida como en las tragedias griegas que nos contaban en el colegio. y te diré que sí, que al final te encontré y nos dimos un beso como esos de las películas de los 50, y te diré que no parabas de susurrarme lo bonita que estaba con todo el pelo hecho un desastre, los chorretones de sudor salpicándome la piel, la camisa y los zapatos mal abrochados.