27 de noviembre de 2013

juro que no elegí esto

hay pájaros muertos durmiendo en mi pecho
mentiras, caricias, enfermos a los que no puedo dejar de amar
la enormidad del mundo llorando en mis huesos
malditos pájaros

tímidamente sonrío y les digo que no es aquí, 
que se han equivocado
yo sólo sentía lástima
estaban tan rotos y enfermos

 pero me duelen los párpados
se que ellos me maldicen
he asesinado a todas esas muertes murmuran
he sido yo, con mis manos y mis dientes

los cementerios están llenos de vivos
y a mi me ha tocado el lugar equivocado
alejadlos de mí les grito
¡sacadme sus patitas, sus alas infectadas, 
yo sólo maté su dolor!

10 de noviembre de 2013

el jóven que no llora es un salvaje dijo nosequién

los domingos son días tan raros que a veces no se ni para qué me levanto de la cama y me pongo a hacer como si hago algo. no es tristeza es más esta apatía inútil la que me está matando por dentro. pero como explicar esto con palabras, si de pronto, las palabras son un cuchillo afilado dispuesto a arañarte y a sangrarte y quién sabe si están dispuestas a matarte. por eso dejé de escribir todas estas tonterías durante meses y meses en los que sólo pensaba en las olas, olas y más olas, que lentamente se reconciliaban con el mar. noviembre es siempre un mes tan triste. dentro de poco ventiuno y otra vez el miedo, la desesperación y la necesidad de lo desconocido. lanzarme al vacío, pero ¿cómo? si cada vez que me intento acercar al mirador vienen a recogerme nerviosos y casi sollozando y qué como se me ocurre acercarme ahí, si no me doy cuenta lo peligroso que es, y yo que sólo me acerco para oler el mar y ver a esas olas lentas que vienen y van y van y vienen y es tan hermoso pero no lo entienden y yo ya no aguanto más, estoy harta de imaginarme esas olas azules y verdes, y ese olor a vida y a libertad y el horizonte ahí dispuesto a todo por salvarnos, y joder, que yo necesito acercarme y sentir esa brisa y romperme a llorar porque es terriblemente bello estar ahí ante un mar tan inmenso, pero nada que sólo me lo puedo imaginar y romper a llorar en mi habitación es mucho más triste que romper a llorar cuando las olas rompen, y que me rompo, pero no a llorar ni a nada, sino que me rompo yo, que me están rompiendo y no se como volver a mi misma si es que de verdad existe

9 de noviembre de 2013

'me había acostumbrado a vivir entre imbéciles ¡imbéciles de mierda! viviendo una vida de mierda en una ciudad de mierda, y que para mí la vida no era más que eso ¡mierda! y una lucha permanente contra esa mierda, que nos quería engullir y asimilarnos y hacernos mierda. y que en el fondo no era más que eso ¡asimilación! y que hasta la literatura no era más que el reflejo de esa asimilación, y que yo me acababa de leer el lazarillo y el guzmán y el quijote, y no había más que asimilación por todas partes y que, por ejemplo, cuando se reúnen el bachiller, el cura y el barbero, y sale el bachiller a luchar con don quijote, con el microorganismo extraño ¿eh? las fuerzas sociales, las defensas, los leucocitos, los fagocitos, la descripción de los fagocitos fagocitando ¿entiendes? saliendo en busca de ese microorganismo extraño para atacarlo, para neutralizarlo...y toda la literatura era eso, la descripción de esa lucha permanente, de esa lucha perdida -julien sorel, bovary, raskólnikov, naná, karenina, samsa...todos igual ¡asimilados!-'

Celso Castro.


y yo tampoco sabía que decir sólo lloraba y lloraba espantosamente, como el nieto de los de arriba cuando lo traía su hija los domingos por la tarde. él callado me miraba llorar, sorberme los mocos, taparme los ojos con las manos, y algunas veces me abrazaba así como con cara de lástima y desconocimiento. yo, claro está no esperaba que me entendiese, era imposible que lo hiciese, dadas mis circunstancias. quién iba a entender a una chica que lloraba con tanta fuerza y tantas ganas y no sabía por qué. igual en el fondo si sabía por qué, pero me daba tanta vergüenza y tristeza de mi misma, que encerraba la respuesta en lo más profundo para que ni yo pudiese encontrarla. me acuerdo que pensaba que no dejaría de cumplir diecisiete años hasta la muerte de mis padres y que puede que entonces, si no llegaba a asimilar esa muerte, no dejaría de cumplir los diecisiete hasta la muerte. era un sentimiento terrorífico, de veras, un sentimiento de estancamiento, enjaulamiento, encarcelamiento y todas las palabras terribles que acaban por -miento, pero no quiero ponerme dramática también por aquí, el caso es que al final siempre llegaba la ansiedad, y yo le tenía tanto miedo que intentaba pensar en las olas, en la suave ida y venida de esas olas de mi infancia, cómo rozaban la arena y se volvían a unir al mar y por eso prefería guardarme estos pensamientos para mi misma y no contárselos, ni siquiera a él que me quería mucho y yo lo sabía, pero verbalizar todo eso, hubiese sido el hundimiento y prefería callarme, llorar y llorar inútilmente pero callada y otra vez los ojos irritados, siempre tan irritados.