24 de abril de 2012

Tic-

Acabas derramando otro suspiro helado más.
Los discos ya no saben girar como lo hacían antes
y las palabras siempre te dejan morir antes de tiempo.

Aún te buscas en álbumes de fotos como respuesta a la indiferencia.
Todavía te sometes al ritual de las preguntas suicidas del amanecer,
a la encrucijada de elegir una respuesta, aunque ninguna exista.

La nada es un reloj que no descansa,
y el tiempo, una sala de espera siempre fría.
Por toda la casa, relojes sangrando nieve.

Riegas las flores de tus muertos, para que tu sed no sea tan dolorosa.
Te miras al espejo, para no tener que tocar tantos escombros,
y apagas la luz, para fingir qué aún reconoces al miedo.

La muerte es un tic tac helándote el corazón.