23 de marzo de 2012

la tristeza es un número impar.

ni siquiera fue necesario soñar con las mismas cosas
o jugar a contar estrellas inexistentes
 en un cielo arrepentido de intentar sobrevivir.
nunca nos vimos desde la ventana de algún autobús
 impacientes por guardar en el recuerdo aquella imagen desenfocada,
 ni supimos maldecir al destino eligiendo a la maga como idea
 para encontrándonos de repente en alguna cafetería del barrio viejo.

tampoco supimos llorar por las mismas cosas, 
obstinados como estábamos en llorar solo por las cosas
 que la vida nos había enseñado a llorar.
 terriblemente lejanas y opuestas, 
como un océano de hielo que añora convertirse
en un volcán en erupción.

 nunca fuimos juntos a un concierto,
ni te leí poesía en la terraza de la cocina a medianoche
y tampoco pudiste entender porque bailaba un  blues de chicago
sola por las noches desde la azotea de un barrio tan alejado de las estrellas.

pero supongo que a veces ocurre, 
te miro, me miras, y no hace falta fingir que lo hacemos bonito, 
y me enseñas a nadar, yo que sentía pánico a las alturas
y te enseño a escribir a las olas, tú que no sabías escuchar al otoño
y puedo incluso mirarte a los ojos
 mientras te desabrocho el cordón de los zapatos
 o dormir en el desván contándote historias bonitas con los dedos de los pies.